España está «tirando a la basura» una valiosa reserva de talento. El Instituto Santalucía, órgano de reflexión del Grupo Santalucía, ha presentado un informe demoledor titulado «Evolución de la capacidad adicional para trabajar en España», en el que alerta de una profunda ineficiencia en el mercado laboral. La conclusión principal del estudio es que nuestro país desaprovecha hasta ocho años de capacidad productiva de los trabajadores sénior. A pesar de que la esperanza de vida a los 65 años ha aumentado notablemente, pasando de 18,7 años a principios de siglo a 21,7 en la actualidad, y de que la salud de los mayores es mejor que nunca, la salida del mercado laboral sigue produciéndose de forma abrupta y temprana, ignorando el potencial real de este colectivo.
El documento, elaborado por expertos de diversas universidades y centros de estudios económicos, contrasta la mejora de las condiciones físicas con la realidad del empleo. Los datos revelan que, a igualdad de estado de salud, los trabajadores abandonan hoy su actividad mucho antes que en décadas pasadas. Un ejemplo gráfico lo ilustra a la perfección: a principios de la democracia, un hombre con una tasa de mortalidad del 2% tenía unos 63 años y una probabilidad de estar trabajando del 60%; hoy, un hombre con ese mismo riesgo de mortalidad tiene ya 71 años, pero su tasa de empleo es de apenas el 3%. Esta brecha confirma que el sistema actual no se rige por la capacidad biológica, sino por barreras institucionales y culturales que empujan a la inactividad.
Ante este desperdicio de capital humano, el Instituto Santalucía propone un cambio de paradigma urgente hacia la «jubilación flexible». Los autores sostienen que el modelo actual de corte radical (pasar de trabajar todo el día a no hacer nada) está obsoleto y no encaja con las preferencias de muchos mayores que desearían seguir activos si pudieran hacerlo a otro ritmo. Por ello, abogan por fórmulas que permitan compatibilizar el cobro parcial de la pensión con un trabajo remunerado a tiempo parcial. Esta solución no solo mejoraría el bienestar físico y mental de los trabajadores y permitiría a las empresas retener su know-how, sino que sería un balón de oxígeno para la sostenibilidad del sistema de pensiones en un país que camina hacia una tasa de dependencia del 53% en 2050.


