El último informe de Aon, la «Encuesta Global de Gestión de Riesgos 2025», revela que la volatilidad geopolítica ha escalado al noveno puesto dentro de los diez principales riesgos corporativos mundiales, situándose así entre las prioridades estratégicas de los directivos de riesgo y de negocio.
El informe, basado en las respuestas de cerca de 3.000 responsables de riesgos y ejecutivos de alto nivel en 63 países, indica que el incremento de la inestabilidad internacional (incluidos conflictos, sanciones económicas o fragmentación regulatoria) está generando impactos crecientes en cadenas de suministro, entornos normativos y resultados financieros de las compañías.
A pesar de su alto posicionamiento, el estudio advierte que sólo el 14 % de las organizaciones declara tener cuantificada su exposición a estos riesgos estratégicos y apenas el 19 % está empleando análisis mediante aseguramiento para monitorearlos. Esta brecha evidencia una preparación insuficiente frente a un riesgo que ha entrado en la agenda como prioritario.
Desde la perspectiva española, el informe destaca ciertas diferencias en el ranking local: aunque el ciberriesgo se mantiene como la principal preocupación, la volatilidad geopolítica no figura entre los diez primeros en España, donde entran otros riesgos como la competencia o la innovación, lo que sugiere la necesidad de adaptar los análisis globales al contexto nacional.
Para el sector asegurador y los mediadores, este cambio implica que la gestión del riesgo debe evolucionar hacia un enfoque más robusto e integral: no sólo activando coberturas tradicionales, sino también anticipando efectos derivados de la geopolítica (por ejemplo, disrupción logística, sanciones, riesgos de mercado) y traduciendo esta previsión en una oferta de protección y asesoramiento más sólida.


