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REVISTA SEGUROS: El relevo generacional de la Mediación: ¿Hay banquillo?

Jul 27, 2026

La mediación de seguros se enfrenta a su mayor renovación generacional en décadas. El Colegio de Madrid y las corredurías que forman su tejido están reinventando la profesión para que resulte atractiva a quienes han crecido con internet en el bolsillo.

Hay una estadística que en los despachos del sector se repite con cierta incomodidad: la edad media de los mediadores de seguros en España roza los 48 años, y casi la mitad de los responsables de correduría supera los 60. No es un problema del fu­turo. Es el problema de ahora mismo.

Javier Barberá, presidente del Consejo General de los Colegios de Mediadores de Seguros, lo denomina “la mayor renovación de la profesión de su historia”. La generación del baby boom, la que construyó buena parte del tejido de corredurías que hoy existe en España, se está acercando a la jubilación. Y detrás no hay suficiente gente esperando el testigo.

El sector asegurador, en sentido amplio, no atraviesa un mal momento. Todo lo contrario. En 2025 cerró el año con 135.987 empleados, un crecimiento del 8,2% respecto al ejercicio anterior. Es un sector que crece, que contrata, que necesita gente. El problema está en que no llega donde más falta hace: a las corredurías independientes, a las agencias de toda la vida, a los mediadores que trabajan solos o en equipos pequeños. Ahí el relevo no está llegando solo.

Un sector que retiene pero no atrae

La paradoja que describe el sector es real y tiene nombre. Quien entra en el seguro, se queda. La media de permanencia en las compañías aseguradoras supera los doce años. Es un dato que habla bien de las condiciones laborales, de la estabilidad, del tipo de carrera que ofrece la industria. Pero tiene un reverso incómodo: un joven de 22 años no va a elegir un trabajo pensando en los próximos doce años. Va a elegirlo pensando en si tiene sentido hoy, si aprenderá algo, si encaja con cómo entiende su vida.

Y ahí, en ese primer momento, en ese primer contacto, es donde la mediación sigue perdiendo la partida. No por lo que ofrece, sino por cómo se cuenta. O mejor dicho: por cómo no se cuenta.

“Históricamente a la Mediación se accedía por accidente o por lazos familiares”, reconoce Barberá sin rodeos. El sector no ha necesitado reclutarse porque se ha reproducido solo, de generación en generación, de despacho en despacho. Hasta que ese mecanismo ha empezado a fallar.

Qué hace el Colegio de Madrid

Elena Jiménez de Andrade, presidenta del Colegio de Mediadores de Seguros de Madrid, tiene claro que la respuesta institucional no puede limitarse a esperar.

En el último año, el Colegio ha puesto en marcha varias iniciativas concretas: la creación de una vocalía específica de Talento Joven, la incorporación de dos jóvenes a la junta de gobierno, una actualización de la estrategia de comunicación colegial, la colaboración activa con el programa de FP Dual, y la participación en la Feria de las Profesiones organizada por la Unión Interprofesional de la Comunidad de Madrid (UICM). No es una sola apuesta. Es una estrategia de múltiples frentes.

Los jóvenes incorporados a la junta tienen perfil propio y nombre. Alberto de Lope Rumayor es vocal de Innovación y Tecnología. Tercera generación de mediadores, menos de 30 años, pasó dos en una consultora tecnológica antes de incorporarse al negocio familiar. María Salcedo Batalla es vocal de Talento Joven y secretaria del Colegio. Trabaja en la correduría que fundó su padre y tiene el mandato institucional más directo sobre el problema que este reportaje intenta retratar.

La incorporación de ambos no es solo un gesto simbólico. Es, en palabras de la propia presidenta, “incluir talento joven no solo como cuestión de edad, sino de visión”.

El sector no aparece en el mapa

Alberto de Lope lo explica con una claridad que resulta a la vez obvia y reveladora: “En las carreras de Derecho, Empresariales, ADE o incluso en estudios vinculados al mundo tecnológico, desde el primer día de clase te están hablando de la banca, de la consultoría estratégica, de las grandes tecnológicas… pero el sector seguros brilla por su ausencia en ese mapa de salidas profesionales”.

No es exageración. Es la experiencia de alguien que ha pasado por ese sistema educativo y que, además, tiene el privilegio de haber crecido rodeado del sector. Si con esa ventaja de partida tuvo que recorrer un camino no lineal para llegar a la mediación, ¿qué puede esperarse de quien no tiene ese contexto familiar?

El diagnóstico de María Salcedo es complementario: “Por un lado, el sector no siempre resulta atractivo para los jóvenes porque muchas veces sigue proyectando una imagen demasiado tradicional. Por otro, tampoco hemos sabido comunicar bien todo lo que ofrece esta profesión, como la independencia, capacidad de emprendimiento, cercanía con las personas y un enorme potencial de crecimiento”.

El análisis no es nuevo. La novedad es que quienes lo formulan ahora son jóvenes con menos de treinta años que ya están dentro del sector y tienen responsabilidad institucional para hacer algo al respecto.

El programa de FP Dual en Seguros es, hoy por hoy, la iniciativa más estructurada que existe para crear una cantera joven real en el sector. Arrancó en 2017 en Cataluña y desde 2020 se ha convertido en un proyecto sectorial coordinado por UNESPA con la participación de AEMES, el Consejo General, varios colegios provinciales (entre ellos el de Madrid), Fundación Mapfre y la Z Zurich Foundation.

La cantera que empieza a funcionar

Los datos del último curso hablan de diez institutos, cuatro comunidades autónomas y 551 alumnos matricu­lados. Desde el inicio del programa como iniciativa sectorial se han graduado 559 alumnos en total. La cifra no es masiva, pero el programa acaba de alcanzar lo que María José Gálvez Cardona, directora de Sostenibilidad de UNESPA, llama “velocidad de crucero”. Y hay un dato que lo respalda: el 75% de los graduados accede a empleo en el sector.

Lo que hace atractiva la FP Dual no es solo la titulación. Al terminar los dos cursos, el alumno obtiene el título de Técnico Superior en Administración y Finanzas más una certificación oficial en materia aseguradora más, directamente, el título de Mediador de Seguros Nivel 2. Y puede trabajar desde el primer día.

Ángel Corada, director del Centro de Estudios del Colegio de Madrid, confirma que las corredurías y agencias madrileñas vinculadas a la mediación están respondiendo al llamamiento del programa: en las últimas ediciones han llegado a ofertar más del 50% de las plazas de prácticas disponibles. No son las grandes aseguradoras las que están tirando del carro en Madrid. Es la mediación independiente.

El programa tiene todavía un desafío pendiente: está presente en cinco provincias. El resto de España, de momento, espera. La expansión, dice Gálvez Cardona, tiene que ser sólida antes que rápida. Cada nuevo territorio necesita tejido empresarial capaz de absorber a los graduados año tras año. No basta con abrir institutos; hace falta que las corredurías de esa provincia quieran y puedan acoger alumnos en prácticas.

El relevo en familia: cuando el modelo funciona

Alejandro García tiene 29 años y acaba de ganar el Premio DKV al mejor alumno del Curso de Seguros Nivel 1 2025 en el Colegio de Madrid. Trabaja en la correduría de su madre. Y si uno le pregunta cómo llegó al sector, la respuesta es más honesta de lo que podría esperarse de alguien que acaba de recibir un premio: “Se dio todo para que entrase y ayudase a mi madre. No era una opción que me había planteado, pero sí que elegí el entrar a trabajar con ella”.

No fue una vocación de manual. Fue una oportunidad que se presentó, que eligió con los ojos abiertos y que, ocho años después, ha terminado siendo también su proyecto. Empezó como administrativo. Luego pasó a comercial. Ahora, con el Nivel 1 en el bolsillo, también es corredor.

El punto de tensión generacional en la correduría familiar es el de siempre, y Alejandro lo explica bien: “La digitalización nos penaliza mucho con la idea de negocio de cercanía directa con el cliente que tenemos. Pero ahí es donde estoy yo para aportar y complementar”.

No es un conflicto. Es una división de roles que funciona precisamente porque cada uno tiene algo que el otro no tiene.

Este modelo –el relevo familiar bien gestionado– es el que más corredurías madrileñas han conocido históricamente. El problema es que cada vez hay menos hijos dispuestos a quedarse, o menos padres que hayan construido algo atractivo para que sus hijos quieran continuar. Finsa Grupo, firma especializada en procesos de sucesión empresarial, lleva participando en más de 20 operaciones de relevo generacional en corredurías en los últimos años. La cifra habla de una industria donde la sucesión ya no es solo un proceso familiar sino un mercado con operadores especializados.

Alejandro lo resume con una claridad que vale más que cualquier argumento institucional: “La gente joven va a necesitar personas como nosotros, que les puedan ayudar a gestionar. Y la mejor manera para que alguien joven confíe en nosotros es que se encuentren gente como ellos, que hayan vivido lo que viven de cerca y sepan esas necesidades reales que tienen”.

Lo que pide la Generación Z

La Generación Z no es difícil de entender. Lo que pide no es tan distinto de lo que pedía cualquier generación anterior: un trabajo con sentido, que ofrezca aprendizaje, que permita vivir bien, que tenga proyección. La diferencia está en que esta generación tiene más opciones que ninguna anterior y menos paciencia para esperar a que las cosas mejoren.

María Salcedo lo identifica con precisión: “Si queremos atraer talento joven, tenemos que construir modelos profesionales más sostenibles, donde haya espacio para crecer profesionalmente sin renunciar completamente al equilibrio personal”. No es una demanda de privilegio. Es una descripción de lo que el mercado laboral en 2026 ya ofrece en muchos otros sectores y que la mediación todavía no ha terminado de incorporar.

Por su parte, Barberá apunta a algo que el sector tiene de verdad y que no ha sabido contar: “Hoy un Mediador trabaja con datos, inteligencia artificial, análisis de riesgos, automatización y experiencia de cliente, pero sin perder el componente humano y de confianza que ninguna tecnología puede sustituir”. Es un perfil híbrido. Exactamente lo que busca alguien que no quiere elegir entre lo digital y lo humano.

El debate sobre la inteligencia artificial y el futuro del mediador es real, pero Barberá no le tiene miedo: “La tecnología no hace desaparecer la Mediación, la mejora. Va a permitir que el profesional dedique menos tiempo a procesos mecánicos y más tiempo a lo verdaderamente valioso: asesorar, interpretar riesgos complejos, acompañar al cliente y generar confianza”. Si algo tiene la generación Z es que entiende esa lógica. Son los primeros que han crecido delegando tareas repetitivas en algoritmos y reservando su tiempo para lo que los algoritmos no pueden hacer.

El reto pendiente

Hay algo en lo que todas las voces de este reportaje coinciden, aunque lo expresen de maneras distintas. El problema no está en el producto. Está en el relato. La mediación tiene cosas buenas que contar: estabilidad, autonomía, impacto social, variedad de perfiles, tecnología…, pero lleva décadas sin saber cómo contarlas fuera de sus propios círculos.

Ángel Corada, desde el Centro de Estudios, señala que el perfil del alumno está cambiando: “Empieza a incorporarse también un alumno más joven, incluyendo perfiles de generación Z, atraídos por la flexibilidad laboral, las posibilidades de emprendimiento y la digitalización del sector”. Pero añade que “no podemos hablar todavía de una llegada masiva”.

El camino entre el diagnóstico y el cambio real es largo. Pero en Madrid, al menos, ese camino ya está andándose. Una junta de gobierno con jóvenes que se hacen preguntas incómodas. Un centro de estudios que actualiza sus metodologías. Un programa de FP Dual que forma a estudiantes de bachillerato antes de que descarten el sector por desconocimiento. Y corredurías familiares que demuestran, caso a caso, que el relevo es posible cuando se trabaja.

“Creo que existe cada vez más conciencia de que el relevo generacional ya no es una opción, sino una necesidad urgente”, dice María Salcedo. Tiene razón. La pregunta ya no es si hay que actuar. Es si se actuará a tiempo.

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