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REVISTA SEGUROS: El Seguro de Salud ante el colapso de la Sanidad Pública

Abr 14, 2026

Durante años, el seguro de salud privado se percibía como un beneficio de empresa reservado a directivos y plantillas de grandes corporaciones, casi un símbolo de estatus más que una herramienta de primera necesidad. Hoy, con las listas de espera públicas en máximos históricos y la sensación de que el sistema no llega a todo, esa visión ha saltado por los aires: para millones de españoles, contar con una póliza de salud se ha convertido en una especie de cinturón de seguridad sanitario.

Las cifras ayudan a entender el cambio de escala. En 2024, cerca de 850.000 personas aguardaban una intervención quirúrgica en la sanidad pública, con una demora media de 121 días, un 3,4% más que el año anterior. En apenas una década, las listas de espera para una consulta de especialista se han disparado un 61%, hasta los 105 días de media, mientras que los tiempos para operarse han pasado de 87 a 126 días. Esta experiencia de espera “brutal”, como la califican algunas organizaciones de pacientes, ha empujado a muchos ciudadanos a buscar refugio en la sanidad privada.

Según los últimos datos de la Fundación IDIS y de UNESPA, en 2024 había en torno a 12,6 millones de personas con seguro de salud, aproximadamente uno de cada cuatro ciudadanos. Otros análisis sitúan ya la cifra por encima de los 14 millones de asegurados a mitad de 2025, lo que acerca al sector a la frontera de que un tercio de la población tenga póliza médica privada. Desde la pandemia de la Covid‑19, el seguro de salud ha sumado casi un millón y medio de nuevos clientes entre 2019 y 2022, con un crecimiento en facturación superior al 20% en ese periodo. En paralelo, la sanidad privada ha ido ganando peso asistencial: realiza ya más del 40% de las intervenciones quirúrgicas y atiende alrededor de un tercio de las urgencias en España.

Este “trasvase silencioso” de pacientes desde la pública a la privada ha convertido al ramo de salud en uno de los motores de crecimiento del seguro español, con casi 12.000 millones de euros en primas al cierre de 2024. Pero también ha abierto un debate incómodo: ¿está realmente preparada la sanidad privada para absorber, al ritmo actual, el aluvión de nuevos asegurados sin reproducir los mismos problemas de saturación que aquejan al Sistema Nacional de Salud?

Sistema tensionado

El seguro médico ha dejado de ser un plus para pocos y se ha transformado en un salvavidas para capas crecientes de clase media preocupadas por no llegar a tiempo a una consulta o a una prueba diagnóstica crítica. Sin embargo, detrás de cada póliza hay una realidad física que no se puede estirar indefinidamente: médicos, enfermeras, quirófanos, camas, equipamiento, tecnología.

Los hospitales privados han invertido en nuevas instalaciones, tecnología diagnóstica y servicios diferenciales, pero el verdadero cuello de botella vuelve a ser el capital humano. Aunque el número total de médicos ha crecido tanto en la pública como en la privada, lo ha hecho menos que la demanda global de servicios sanitarios; un dato sirve de aviso: pese a contar con un 57% más de médicos que hace diez años, la sanidad pública acumula un 61% más de pacientes en lista de espera. La privada se nutre del mismo mercado laboral, con profesionales que trabajan a menudo en ambos sistemas, lo que limita su capacidad de expansión a corto plazo.

Desde SegurCaixa Adeslas, líder del seguro de salud en España, reconocen la necesidad de equilibrar una demanda que crece por mayor uso, envejecimiento y cambios sociales, con una oferta asistencial cada vez más tensionada por la limitación de recursos sanitarios y el coste creciente de las nuevas tecnologías. Esa posición dominante, con una cuota cercana al 30%, les obliga –subrayan– a ser especialmente prudentes a la hora de incorporar asegurados para no tensionar aún más sus cuadros médicos y garantizar un servicio sostenible, accesible y de calidad.

Por su parte, ASISA asegura tener capacidad suficiente para atender a su cartera actual y absorber la llegada de nuevos clientes, apoyándose en un cuadro médico de más de 43.000 profesionales y en el Grupo Hospitalario HLA, con 18 hospitales y 37 centros médicos que atendieron más de 3,3 millones de consultas en 2025. Esa combinación de red propia sólida, acuerdos con hospitales de referencia y política de inversión constante en instalaciones y tecnología es, a su juicio, la única vía para crecer sin deteriorar la calidad asistencial.

El seguro de salud en España es un mercado altamente concentrado. Segurcaixa Adeslas lidera en volumen de primas, seguida de Sanitas y Asisa, mientras que DKV ocupa una posición relevante, aunque algo más alejada. Esta concentración facilita economías de escala, pero también hace que las estrategias de unas pocas aseguradoras resulten determinantes para el acceso efectivo de millones de personas a la sanidad privada.

El crecimiento no se ha limitado al número de asegurados, también se ha reflejado en las primas. Entre 2018 y 2024, el volumen de primas de salud ha crecido a una tasa anual compuesta superior al 6%. Diversos informes sectoriales anticipan subidas medias de hasta el 10% en 2026, especialmente en productos de amplia cobertura y sin copagos. Parte de este incremento responde al encarecimiento de la tecnología médica, la incorporación de nuevos tratamientos y la presión salarial para atraer y retener profesionales, pero otra parte tiene que ver con el cambio de comportamiento del asegurado: quien antes veía el seguro como un complemento, ahora lo usa como sustituto parcial de la sanidad pública.

Un asegurado más exigente

En este contexto, las revisiones de primas se han convertido en un tema especialmente sensible, porque el seguro se percibe ya como una “necesidad básica” para amplias capas de la población. SegurCaixa Adeslas explica que su criterio pasa por buscar un equilibrio entre sostenibilidad y accesibilidad: los costes asistenciales crecen por mayor frecuencia de uso, envejecimiento y tecnologías más avanzadas, de modo que ajustar precios es imprescindible para garantizar la calidad y la estabilidad del sistema. La compañía insiste en un enfoque prudente y transparente, orientado a explicar a clientes y mediadores por qué mantener ese equilibrio es clave para preservar un seguro viable para las economías medias.

ASISA coincide en este escenario de costes crecientes empujados por envejecimiento, cronicidad, impacto de las nuevas tecnologías y concentración hospitalaria, frente a la obligación de mantener precios accesibles en un país con sanidad pública universal. Para cuadrar ese círculo, la entidad está intensificando la eficiencia de su gestión apoyándose en digitalización, innovación tecnológica y procesos más ágiles, mientras actualiza periódicamente los honorarios médicos para garantizar la sostenibilidad del modelo. En los últimos cinco años, la subida acumulada en la retribución que paga a sus profesionales supera el 30%, un esfuerzo que busca preservar la calidad asistencial y, al mismo tiempo, acercar progresivamente los precios del seguro a los costes reales de las prestaciones.

El perfil del asegurado también está cambiando. Los nuevos clientes que llegan tras el colapso de las listas de espera públicas utilizan el seguro como vía principal –en ocasiones casi exclusiva– de acceso a la atención sanitaria. Esto eleva de forma estructural la demanda sobre unos cuadros médicos que no estaban dimensionados para crecimientos tan rápidos.

Nuevos hospitales

El sector privado está respondiendo con inversión en nuevos hospitales y centros especializados. Sanitas, inauguró el año pasado el Hospital Blua Valdebebas y en 2028 tiene previsto inaugurar otro más en el distrito de Arganzuela. Mientras, ASISA ha reforzado su red propia con la apertura de nuevos centros en Barcelona, Sevilla, Cáceres o Alicante y la ampliación de otros en Madrid, Lleida, Sevilla o Guadalajara. Pero el despliegue de infraestructuras y la incorporación de profesionales no puede hacerse al mismo ritmo que el aumento de pólizas.

En este escenario, las aseguradoras exploran nuevas palancas para gestionar la presión asistencial sin deteriorar la calidad percibida. En el caso de SegurCaixa Adeslas, la digitalización de procesos y el refuerzo del acceso a especialistas mediante videollamadas se consideran una de las líneas más relevantes. Soluciones como las consultas digitales en dermatología permiten resolver de forma ágil y segura una parte significativa de la demanda, optimizando tiempos y recursos y consolidando una atención de alta calidad.

ASISA ha desplegado su plataforma Asisa LIVE y un Chat Médico que da acceso en menos de dos minutos a las especialidades más demandadas y ofrece videoconsultas en menos de una semana, integrando nuevas funcionalidades para facilitar y agilizar el acceso al especialista. En la misma dirección, DKV ha apostado por su ecosistema “Quiero Cuidarme Más”, que integra telemedicina, monitorización remota, segunda opinión y programas de atención domiciliaria para ofrecer una atención más ágil en un entorno de listas de espera tensionadas.

La principal promesa implícita de la sanidad privada es la rapidez: acceso ágil a especialistas y pruebas diagnósticas frente a una sanidad pública en la que la espera se ha convertido en norma. Durante años, esa promesa se ha cumplido de forma razonablemente coherente, pero en determinadas ciudades y especialidades empiezan a aparecer síntomas de saturación.

Agendas de especialistas cerradas a varias semanas vista, dificultades para encontrar cita en franjas horarias compatibles con la jornada laboral, listas de espera para pruebas de alta demanda (como resonancias magnéticas o determinadas exploraciones digestivas) son ya una realidad en parte del sistema privado.

No existen estadísticas tan sistemáticas de “listas de espera” en la privada como en la pública, pero hay indicios claros: la propia Fundación IDIS reconoce que la utilización del seguro se ha intensificado y que la sanidad privada ha pasado de realizar el 31,7% de las intervenciones quirúrgicas al 41,6% en 15 años, y de atender el 20,6% de las urgencias al 33,6%.

Este incremento se explica en parte por conciertos con la Administración, pero también por el desvío masivo de pacientes que, ante la espera en la pública, acuden directamente a hospitales privados. El resultado es un cuadro médico que ve crecer su volumen de pacientes asegurados sin que siempre aumenten en paralelo los recursos, con el consiguiente riesgo de erosión de la promesa de rapidez que justificó la contratación de la póliza.

¿Puede la privada seguir absorbiendo pacientes? La respuesta es matizada: la sanidad privada está preparada para seguir creciendo, pero no para hacerlo de forma ilimitada ni al ritmo que marca el colapso de la sanidad pública. Por infraestructura, el parque hospitalario privado aporta ya aproximadamente un tercio de las camas y más de la mitad de los hospitales del país, cifras que le permiten jugar un papel relevante en el conjunto del sistema sanitario.

Sin embargo, las camas y los edificios solo son útiles si se pueden dotar de profesionales y equipamiento, y ahí reaparece el cuello de botella del personal sanitario disponible y su distribución territorial.

En la práctica, la capacidad de absorción de la sanidad privada varía según la comunidad autónoma, el tipo de póliza y el perfil del asegurado. En grandes ciudades como Madrid o Barcelona existe un ecosistema amplio de clínicas y hospitales, con cuadros médicos extensos y competencia entre grupos, lo que permite mantener plazos de atención significativamente más cortos que en la sanidad pública, aunque ya se escucha cada vez más el “no podemos dar cita antes” en ciertas especialidades.

En áreas rurales o provincias con menor densidad de centros, la oferta privada es más limitada y depende en mayor medida de conciertos puntuales o de clínicas pequeñas, que pueden verse desbordadas si las aseguradoras siguen incorporando asegurados sin ampliar el cuadro médico de forma proporcional. De ahí que se hable de la necesidad de gestionar “con prudencia” el crecimiento, calibrando la entrada de nuevos asegurados con la capacidad real de médicos, enfermería y centros disponibles.

Una de las cuestiones estratégicas que se abre en este escenario es el modelo de relación entre sanidad pública y privada. ¿Puede seguir creciendo el seguro de salud sin reproducir en la privada el mismo problema de saturación que sufre el sistema público, o es imprescindible una cooperación más estrecha entre ambos mundos?

SegurCaixa Adeslas pone como ejemplo de colaboración eficaz el modelo MUFACE, en el que participa junto a ASISA. Se trata de una fórmula muy bien percibida por los mutualistas que genera valor para todo el sistema, al cubrir a cerca de un millón de personas y representar un alivio significativo para el sistema público. No es, subrayan, un modelo marginal, sino estructural, y su sostenibilidad afecta tanto a los mutualistas como al sector sanitario en su conjunto.

Riesgo reputacional

Más allá de la capacidad física, hay un factor de riesgo que preocupa al sector: el deterioro reputacional si la experiencia del cliente no se alinea con las expectativas generadas. Muchos nuevos asegurados llegan al seguro privado con una imagen idealizada: sin listas de espera, libre elección de médico, todo cubierto, acceso inmediato a cualquier prueba o tratamiento.

Cuando se encuentran con exclusiones, copagos, límites de reembolso o agendas saturadas, la sensación de engaño es inmediata, aunque la publicidad y las condiciones generales no hayan mentido. Este desajuste entre lo que el cliente cree que ha contratado y lo que realmente cubre la póliza se agrava en un contexto de subidas de primas, especialmente cuando el seguro se percibe como un gasto imprescindible en hogares con el poder adquisitivo presionado por la inflación.

Si el asegurado tiene la sensación de que paga cada vez más por un servicio que empieza a parecerse, en demoras y dificultades para conseguir cita, a la sanidad pública que pretendía evitar, la frustración está servida. En este punto entra en escena una figura que se revela cada vez más decisiva: el mediador de seguros.

El papel del mediador

En el contexto actual, el mediador se convierte en una pieza clave no solo para la sostenibilidad económica del sistema, sino para su sostenibilidad social. Su función va mucho más allá de vender una póliza: debe actuar como traductor entre la oferta de las aseguradoras y las necesidades reales del cliente, y como “gestor de expectativas” antes, durante y después de la contratación.

Esto implica, de entrada, una labor pedagógica incómoda pero imprescindible. Un buen mediador debe explicar que el seguro privado no es una varita mágica que elimina todas las listas de espera ni garantiza cualquier tratamiento, en cualquier hospital, sin límites. Tiene que analizar el perfil de uso del cliente (edad, enfermedades crónicas, frecuencia de consultas, especialidades prioritarias), diferenciar con claridad entre pólizas con y sin copago, entre cuadro médico cerrado y reembolso de gastos, y entre productos orientados a precio y productos orientados a servicio.

También debe anticiparse a la cuestión de las subidas de prima: qué puede esperar el asegurado en los próximos años, cómo influyen la edad y el historial de siniestralidad, y qué margen existe para renegociar condiciones o cambiar de compañía sin perder coberturas críticas. En momentos de tensión, por ejemplo, cuando una aseguradora plantea un incremento de prima que el cliente considera excesivo, el mediador puede negociar, explorar alternativas (como pólizas con más copago pero mejor cuadro en lo que el cliente considera esencial) o plantear modelos mixtos.

ASISA considera a los mediadores socios estratégicos para trasladar al cliente el verdadero valor del seguro de salud y ayudarle a entender su papel dentro del sistema sanitario. Su labor, sostiene la compañía, no se limita a distribuir pólizas, sino a asesorar sobre el uso adecuado del seguro y sobre el modelo de complementariedad entre sanidad pública y privada, explicando qué cubre realmente la póliza, cómo utilizarla de forma responsable y qué aporta en términos de accesibilidad, prevención y calidad.

El doble reto del sector

Para el sector, el reto es doble. Por un lado, dimensionar correctamente su capacidad asistencial, invirtiendo no solo en ladrillo y tecnología, sino en captar y retener talento sanitario, y en herramientas digitales que permitan gestionar la demanda de forma más eficiente. Por otro, reforzar la transparencia compartiendo datos sobre tiempos de acceso, ratios de ocupación de agendas o niveles de satisfacción de los asegurados, lo que contribuiría a combatir la percepción de opacidad y a justificar, cuando proceda, determinadas subidas de primas.

SegurCaixa Adeslas subraya que la digitalización de procesos asistenciales y la expansión de la videoconsulta no son solo un “extra” tecnológico, sino una palanca estructural para aportar valor al cliente y gestionar la tensión del sistema. ASISA, en la misma línea, confía en que la innovación, la mejora de la eficiencia y el compromiso con los profesionales permitan sostener un modelo que complemente a la sanidad pública sin reproducir sus mismas debilidades. Si el conjunto del mercado avanza en esa dirección, la sanidad privada tendrá más opciones de seguir ejerciendo de salvavidas frente a las carencias de la sanidad pública sin sucumbir al mismo problema de saturación que hoy la alimenta.

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