Más de 1,2 millones de personas viven en España con una discapacidad que limita su movilidad. Esta es una de las principales conclusiones del estudio Sumando Voces, elaborado por la Fundación Mutua de Propietarios en colaboración con COCEMFE, que analiza la experiencia cotidiana de este colectivo y el impacto que tienen las barreras arquitectónicas en su autonomía.
El informe revela que el nivel de independencia de las personas con movilidad reducida alcanza una media de 5,5 sobre 10. La causa es evidente: siete de cada diez se encuentran con obstáculos arquitectónicos a diario, una situación que condiciona su libertad, su capacidad de decisión y su bienestar emocional.
“Las rampas o ascensores son solo la parte visible de un desafío mayor: la posibilidad de vivir, estudiar o trabajar sin depender de otros”, señala Cristina Pallàs, directora de la Fundación Mutua de Propietarios. “La autonomía debe ser un derecho, no un privilegio”.
El hogar, un entorno muchas veces inaccesible
El estudio pone el foco en la vivienda como uno de los espacios más problemáticos. Solo uno de cada cuatro hogares está completamente adaptado. Un 45% cuenta con modificaciones parciales y un 29% no dispone de las condiciones mínimas para garantizar la movilidad.
La situación no mejora en los edificios residenciales: únicamente el 27% de los encuestados considera que su inmueble está totalmente adaptado, mientras que la mayoría lo percibe como parcialmente accesible.
Las consecuencias de esta falta de accesibilidad afectan directamente a la vida social y profesional. El 79% ha tenido que renunciar a planes con amigos por problemas de accesibilidad; el 74%, en el entorno familiar; y alrededor de la mitad ha visto limitado su acceso a los estudios (54%) o al trabajo (49%). Además, el 60% afirma que estas barreras condicionan sus relaciones personales y el 58% su tiempo libre.
“La falta de accesibilidad deja huella en la autoestima y en el sentido de pertenencia”, explica Anxo Queiruga, presidente de COCEMFE. Aunque ocho de cada diez personas aseguran sentirse comprendidas en su entorno cercano, el estudio muestra que la carga emocional es elevada. Frustración (32%), impotencia (27%), enfado (14%) y tristeza (7%) son las emociones más frecuentes ante las barreras arquitectónicas. Solo un 14% asegura sentirse motivado para buscar soluciones, y el 91% considera que la sociedad aún no comprende la magnitud del problema.


