Según el último análisis de permanencia elaborado por ICEA, la tasa de retención anual de las pólizas individuales se situó en el 86,7% al cierre de 2024. Aunque a corto plazo el dato refleja una estabilidad razonable, la proyección temporal revela una realidad mucho más desafiante: si se observa la curva de fidelidad a largo plazo, apenas el 30% de los contratos suscritos logra mantenerse vigente tras diez años de vida.
Esta estadística pone de manifiesto la dificultad de las compañías y mediadores para acompañar el ciclo vital del cliente más allá del medio plazo. La caída progresiva de la cartera sugiere que, a medida que evolucionan las circunstancias personales y financieras de los asegurados (ya sea por la amortización de hipotecas vinculadas, cambios en la situación familiar o la búsqueda de mejores condiciones), la percepción de valor del seguro se diluye, provocando cancelaciones que reducen drásticamente el stock de pólizas originales al cabo de una década.


