La ciberseguridad afronta un 2026 marcado por la sofisticación técnica y el uso intensivo de la Inteligencia Artificial (IA) por parte de los atacantes. Vincent Nguyen, director de ciberseguridad de Stoïk, ha identificado las ocho claves que determinarán el escenario de riesgos para las empresas en el próximo ejercicio. La firma, que combina seguro y software de protección, advierte de que el ransomware se está volviendo más «silencioso e indetectable» y que la línea entre la intrusión técnica y el fraude operativo es cada vez más difusa.
Estas son las ocho tendencias señaladas por los expertos:
- Ciberseguridad 360º e integrada: El modelo de protección evoluciona hacia una gestión integral. Ya no basta con una póliza de indemnización; el mercado exige soluciones que unifiquen prevención, detección, respuesta a incidentes y transferencia del riesgo asegurador. Juan Ignacio Ramallo, Country Manager de Stoïk Iberia, subraya la necesidad de ser un «agente proactivo» junto al cliente.
- Ransomware silencioso: Los delincuentes utilizan IA para el robo de credenciales (infostealers) y el secuestro de entornos SaaS (como Microsoft 365 o Google Workspace). El ataque ya no busca solo el cifrado ruidoso, sino la infiltración persistente aprovechando el exceso de permisos en las organizaciones.
- La brecha de la directiva NIS2: Europa avanza a dos velocidades. Mientras los sectores críticos grandes invierten recursos para cumplir la normativa, las pymes y proveedores más pequeños enfrentan dificultades para adaptarse, generando vulnerabilidades en el ecosistema. Stoïk alerta de una posible «fatiga en el sector» por priorizar el cumplimiento burocrático sobre la protección real.
- CEO 2.0 y suplantación de identidad: El fraude al CEO se perfecciona mediante deepfakes y clonación de voz. El vishing (engaño telefónico) dejará de ser ocasional para convertirse en una herramienta habitual dirigida a la alta dirección con fines de chantaje o fraude financiero.
- Vulnerabilidad en la cadena de suministro: Los ataques a bibliotecas de código abierto o extensiones de software de uso masivo seguirán comprometiendo a empresas que, aunque seguras en su perímetro, heredan el riesgo de sus proveedores tecnológicos.
- Grandes eventos deportivos: Citas como la Copa Mundial de Fútbol 2026 o los Juegos Olímpicos de Invierno serán objetivos prioritarios. La dependencia de infraestructuras digitales para la venta de entradas (ticketing) y retransmisiones convierte a estos eventos en blancos atractivos para la interrupción de servicios.
- Desinformación electoral: Con comicios previstos en regiones clave de Europa (incluidas las elecciones en Andalucía o Francia), los ciberdelincuentes intensificarán el uso de bots y filtraciones orquestadas para desestabilizar procesos democráticos y atacar infraestructuras de recuento.
- Polarización del perfil criminal: Coexistirán dos tipos de atacantes: una generación madura y técnica (activa desde 2010-2015) capaz de atacar sistemas industriales e IoT, frente a una ola de nuevos delincuentes amateurs que buscan el beneficio rápido mediante ataques menos complejos pero masivos.


